Es una mañana fría. Miro por la ventana y el sol calienta mi rostro. Imagino que donde quiera que te escondas estamos bajo el mismo cielo, entonces te siento un poco más cerca mío.
La magia del paisaje encandila mis ojos. Todo es paz alrededor. No hay ruidos. La ciudad quedo atrás con todo su bullicio.
Si prestan atención solo podemos oír el ruido de los arboles que se mueven al compas suave del viento. El agudo rechinar de sus ramas acompaña, tras el ventanal, las imponentes montañas y el quieto lago.
Respiro y el aroma de los rosas se mezcla con el perfume de las flores de lavanda. Todo yace en perfecta armonía… solo una cosa más puedo pedir… tu compañía por siempre.
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